28
NOV
2025

Comienza el Tiempo del Adviento



“El Adviento es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro, también para verificar nuestro deseo de Dios, para mirar hacia adelante y prepararnos para el regreso de Cristo. Él regresará a nosotros en la fiesta de Navidad, cuando haremos memoria de su venida histórica en la humildad de la condición humana; pero Él viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos «para juzgar a los vivos y a los muertos»” (Papa Francisco, Ángelus 3-XII-2017).

 

1. ¿En qué momento del año se vive?

El Tiempo de Adviento se caracteriza por inaugurar el año litúrgico, “en él la Iglesia marca el curso del tiempo con la celebración de los principales acontecimientos de la vida de Jesús y de la historia de la salvación” (Papa Francisco, Ángelus 29-XI-2020). Tiene una duración de cuatro semanas y comienza con las primeras vísperas del domingo más próximo al 30 de noviembre hasta las primeras vísperas del 25 de diciembre. En este periodo se comprenden los cuatro domingos previos a la Navidad. “Durante estas cuatro semanas, estamos llamados a despojarnos de una forma de vida resignada y rutinaria y a salir alimentando esperanzas, alimentando sueños para un futuro nuevo” (Papa Francisco Ángelus, 2-XII-2018).

 

El periodo está dividido en dos partes que subrayan una verdad de fe importante cada una. La primera se extiende hasta el 16 de diciembre y se centra en evocar la segunda venida del Mesías. La segunda parte se desarrolla entre el 17 y el 24 de diciembre y se ordena a preparar la Navidad de modo más próximo. De este modo la Iglesia ayuda a sus fieles a recordar y reflexionar en “Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar”.

 

2. ¿Qué es lo característico de este tiempo litúrgico?

El Tiempo de Adviento se considera un “tiempo fuerte” en el año litúrgico porque nos ayuda a prepararnos para recibir al Señor en la Navidad, nos orienta a acrecentar la esperanza en la segunda venida de Cristo, y nos recuerda su presencia continua en la Eucaristía. “La Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida (cf. Ap 22, 17). Celebrando la natividad y el martirio del Precursor, la Iglesia se une al deseo de éste: "Es preciso que él crezca y que yo disminuya" (Jn 3, 30)”. Se trata de una invitación a la conversión y la esperanza.

 

La preparación que nos propone la Iglesia durante el Adviento se concreta en un itinerario de conversión personal. La Liturgia nos hace presente este camino a través de la figura de Juan Bautista. De la mano del Precursor comenzamos un camino de desapego del pecado y la mundanidad, “esta conversión implica el dolor de los pecados cometidos, el deseo de liberarse de ellos, el propósito de excluirlos para siempre de la propia vida” (Papa Francisco, Ángelus 6-XII-2020). Solo así estaremos en condiciones de dirigirnos a la búsqueda de Dios y de su reino, a la amistad y comunión con Dios, que es el verdadero fin de la conversión de cada uno.

 

A su vez, se trata de un momento de espera confiada en el Mesías. Esta esperanza se funda en que “el Señor siempre viene, siempre está junto a nosotros. A veces no se deja ver, pero siempre viene. Ha venido en un preciso momento histórico y se ha hecho hombre para tomar sobre sí nuestros pecados —la festividad de Navidad conmemora esta primera venida de Jesús en el momento histórico—; vendrá al final de los tiempos como juez universal” (Papa Francisco, Ángelus 29-XI-2020).

 

Durante estos días, la Iglesia nos recuerda que Dios está presente en la historia humana y sigue actuando para conducirla hacia su plenitud en Jesucristo. Y así se lo pedimos y nos lo recuerda la liturgia, “Te pedimos, Señor, que nos aprovechen los misterios en que hemos participado, mediante los cuales, mientras caminamos en medio de las cosas pasajeras, nos inclinas ya desde ahora a anhelar las realidades celestiales y a poner nuestro corazón en las que han de durar para siempre”

 

3. ¿Cómo se refleja el Tiempo de Adviento en la Santa Misa?

Este tiempo de preparación para la venida del Mesías cobra vida en la Liturgia de la Santa Misa, ya que “la liturgia nos lleva a celebrar el nacimiento de Jesús, mientras nos recuerda que Él viene todos los días en nuestras vidas, y que regresará gloriosamente al final de los tiempos” (Papa Francisco Ángelus, 1-XII-2019).

 

Las lecturas del Adviento están orientadas a presenciar los momentos de la historia de la salvación en los cuales el Señor reanima la esperanza de los que creen en su venida y les invita a la vigilancia y a la penitencia. Así, la Liturgia subraya estas ideas a través de los distintos textos de los profetas, de los apóstoles, y de la misma enseñanza de Jesús en los Evangelios.

 

En el primer domingo de Adviento se reflexiona sobre la venida del Señor al final de los tiempos, la segunda venida del Mesías. En la lectura del Evangelio se encuentra el pasaje donde Jesús invita a la vigilancia, a estar despiertos en todo momento, porque no se sabe cuándo vendrá el Señor.

 

El segundo y tercer domingo presentan a Juan Bautista, quien anuncia la llegada del Mesías y la necesidad de la conversión para recibirlo. Así, la Iglesia invita a los fieles a pedir perdón por los pecados y a vivir la esperanza de saberse acompañados por Jesucristo.

 

Por otra parte, el cuarto domingo se enfoca en una preparación más directa a la primera venida del Señor. Para esto, la Liturgia propone las lecturas del Evangelio sobre los acontecimientos más cercanos a la Navidad. Entre ellos se encuentran el anuncio alegre del nacimiento de Jesús del Ángel a Santa María y a San José. De este modo, la Iglesia impulsa a sus fieles a la alegría del encuentro con el Niño Jesús. “Este encuentro entre Dios y sus hijos, gracias a Jesús, es el que da vida precisamente a nuestra religión y constituye su singular belleza” (Papa Francisco, «El hermoso signo del pesebre»).

 

4. ¿Cómo nace este tiempo litúrgico? ¿Cuál es su origen?

La Iglesia empezó a partir del siglo IV a vivir el Adviento como un tiempo distinto al resto del año litúrgico. Se inició en Hispania y las Galias como preparación ascética y penitencial para las fiestas de Navidad.

Desde el concilio de Zaragoza del año 380 se estableció que los fieles debían asistir diariamente a las celebraciones eclesiales desde el 17 de diciembre hasta el 6 de enero. La tónica común de este tiempo era la ascesis, la oración y las reuniones frecuentes. Estas prácticas fueron variando según las distintas iglesias de las Galias, Milán, Hispania e Inglaterra hasta que en el siglo VI se introdujo en la liturgia romana un periodo de Adviento que duraba seis semanas, que luego el Papa san Gregorio Magno redujo a cuatro semanas.

El Adviento romano fue adquiriendo mayor significado con el tiempo de modo que, además de preparación para el nacimiento del Señor, es también tiempo de esperanza gozosa de su retorno al final de los tiempos.

 

5. Diferentes costumbres durante el Adviento

La piedad popular se ha manifestado de diversos modos en cada cultura. Con el inicio del Adviento los fieles ponen en práctica diversas costumbres que los ayudan a prepararse para meditar los misterios de este tiempo litúrgico.

Una costumbre que está muy difundida es la corona de Adviento. Se trata de unas ramas de pino en forma de corona con cuatro velas, tres moradas y una rosada, que se encienden cada domingo de Adviento. Otro modo de preparar el nacimiento del Señor es poner un belén. Las familias cristianas conservan la tradición de representar en sus hogares del misterio de la Natividad de Jesús a través de figuras. “El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre” (Papa Francisco, «El hermoso signo del pesebre»). Ante estas escenas las familias se reúnen a rezar y cantar villancicos y se convierte en el escenario para otros actos de piedad.


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