LINEA EDITORIAL CADENA COPE

La visita del Papa a República Democrática del Congo y Sudán del Sur, la quinta de Francisco al continente africano, deja importantes lecturas que toca ahora asimilar. A nivel eclesial, la vitalidad y juventud del cristianismo local han dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad presente. La celebración de la Eucaristía en Kinshasa mostró una Iglesia “con raíces” y “cultura propia”; con sus retos, carencias y dificultades, por supuesto, pero con mucho que aportar al resto.

La visita ha servido también de escaparate mundial para denunciar la tragedia de la guerra en estos dos países, ya sea por luchas de poder internas o azuzada por intereses económicos desde el exterior. Rara vez llegan a Europa los heroicos testimonios de muchas personas comprometidas por la paz, un compromiso indisociable de la fe. Hace falta, sin embargo, fortalecer la presencia en la vida pública de los creyentes. Y si esos creyentes, de distintas confesiones, son capaces de aparcar sus diferencias y actuar hombro con hombro su poder transformador se multiplica.

El viaje de Francisco en 2015 a la República Centroafricana dejó la memorable imagen de un imán subido junto al Pontífice al papamóvil. Este último a Sudán del Sur ha pasado ya a la historia como la primera visita apostólica conjunta de un Papa con las máximas autoridades religiosas de las iglesias anglicana y presbiteriana. Es un paso de gigante en el diálogo ecuménico, un paso vinculado con el foco principal de este diálogo: el anuncio creíble de Jesucristo.


Línea editorial COPE, 04-02-2023


 

 

 

 

 

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