Comentario diario

Una fe de apariencia

El Evangelio de hoy puede desconcertarnos un poco. Jesús parece duro con la higuera. La maldice porque no tiene frutos? aunque ni siquiera era tiempo de higos. Y después entra en el templo y vuelca mesas, expulsa vendedores y denuncia lo que allí está pasando. Pero en el fondo todo el Evangelio gira alrededor de una misma idea: Dios no quiere una fe solo de apariencia.

La higuera tenía hojas, parecía viva, parecía fértil? pero no tenía fruto. Y el templo estaba lleno de actividad religiosa, de movimiento, de gente, de rituales? pero había perdido lo esencial: ser ?casa de oración?. Es un Evangelio que incomoda porque también nos habla a nosotros. Podemos tener muchas ?hojas?: imagen, costumbre religiosa, frases bonitas, incluso apariencia de vida cristiana? y, sin embargo, estar vacíos por dentro. Mucho ruido exterior y poco encuentro real con Dios.

Jesús no se enfada porque sí. Lo que le duele es una religión que ha perdido el corazón. Una fe que funciona hacia fuera, pero no transforma la vida. Por eso después habla de la oración y del perdón. Porque el verdadero fruto nace de ahí: de una relación real con Dios y de un corazón capaz de reconciliarse. ?Todo cuanto pidáis en la oración, creed??. Pero inmediatamente añade: ?y cuando os pongáis a orar, perdonad?.

Es interesante: para Jesús, la oración y el perdón van unidos. No hay auténtico encuentro con Dios si seguimos alimentando rencores, durezas o heridas enquistadas. Hoy el Señor nos invita a preguntarnos algo sencillo pero importante: ¿mi fe tiene fruto real? ¿Me está haciendo más capaz de amar, de perdonar, de confiar, de vivir con más verdad? ¿O me estoy quedando solo en las hojas?

Porque Dios no busca una fachada perfecta. Busca un corazón abierto donde pueda dar fruto de verdad.

Aviso Legal - RGPD

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared

Aviso legal | Política de privacidad | Política de cookies