24
OCT
2021

La misión de la Iglesia



Queridos diocesanos:

Con demasiada frecuencia noticias como la que ofrecen en estos días algunos diarios nacionales salpican sus páginas, recordándonos que ser cristiano es algo peligroso que, a veces, se paga muy caramente. Y si lo es el simple hecho de ser cristiano, todavía lo es más el de quien dedica su vida o parte de ella a anunciar el Evangelio a quienes no lo conocen o solo han oído hablar de él. Esta vez ha ocurrido en Haití. Un grupo de misioneros norteamericanos, no importa ahora a qué confesión o grupo pertenece, han sido secuestrados en los días pasados muy cerca de la capital del país. Meses atrás, en ese mismo lugar, lo fueron siete religiosos, en este caso católicos.

Hechos como estos, en la cercanía del día del Domund, que celebraremos el próximo domingo, 24 de octubre, nos ayudan a vivir con más intensidad esa jornada, ya tradicional en la vida del Pueblo de Dios. Si es verdad que la misión evangelizadora es propia de toda la Iglesia y de cada uno de sus miembros, somos bien conscientes de que son hombres y mujeres concretos, sacerdotes, religiosos y laicos, los que se hallan en la primera línea del frente evangelizador. Hombres y mujeres que han puesto desinteresadamente su vida al servicio de los demás, con el fin de hacerles llegar la luz y el calor del Evangelio. La suya es una labor evangelizadora que, al mismo tiempo, mejora las condiciones económicas, de salud y de educación de poblaciones enteras; sin ruido, sin alharacas ni aspavientos, discreta pero eficacísimamente; y ello sin esperar nada a cambio, ni reconocimientos mediáticos ni interesados agradecimientos.

El Domund, domingo mundial de las misiones, es el día en que la Iglesia entera aviva la conciencia de la misión que ha recibido, reza por los misioneros y sus trabajos en favor de la fe y del desarrollo humano, y ofrece su colaboración económica para que puedan sostenerlos. Para la mayor parte de los cristianos, la oración, la ofrenda de los propios sufrimientos y la colaboración económica son la forma de implicarse en la misión de la Iglesia enviada a todas las gentes.  Es algo que está al alcance de todos.

La misión de la Iglesia se lleva a cabo de diversas maneras. Con el nombre de “misiones” entendemos las iniciativas evangelizadoras encaminadas a la fundación de nuevas Iglesias particulares que “para poder ofrecer a todos el misterio de la salvación y la vida traída por Dios”, deben insertarse en los distintos grupos humanos “con el mismo afecto con que Cristo se unió por su encarnación a las concretas condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivió” (Concilio Vaticano II, Decreto Ad gentes divinitus, n. 10).

Con nuestra colaboración económica en el día del Domund se sostiene la Iglesia en más de 1.100 territorios de Misión, en los que desarrolla su labor evangelizadora y humanizadora; de ella se benefician, más de 16.500 mil quinientos misioneros españoles, repartidos en 135 países. Asombra lo que estos pueden hacer en bien de la gente con nuestra oración y colaboración económica; una colaboración que aprecian tanto y tan sinceramente que su gratitud llega hasta avergonzarnos por no merecerla.

En nuestra diócesis tenemos la bella y enriquecedora experiencia de grupos de jóvenes voluntarios que han dedicado un tiempo de su vida -unos meses, unas semanas-, a hacer una experiencia misionera. Sería bueno que esa experiencia pudiera repetirse cada año. Quienes la hacen perciben que reciben más de lo que dan, que vuelven enriquecidos en su humanidad y fortalecidos en su fe.

Acabo con unas palabras del Santo Padre Francisco en su Mensaje para el Domund de este año: “Todo lo que hemos recibido, todo lo que el Señor nos ha ido concediendo, nos lo ha regalado para que se lo regalemos gratuitamente a los demás”. Seamos generosos.

 + José María Yanguas

Obispo de Cuenca


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