16
OCT
2021

caminar sinodalmente requiera saber escuchar



Queridos diocesanos:

Los misterios de la fe cristiana son verdades cuya riqueza pide ser contemplada desde ángulos y perspectivas diversas, para obtener un conocimiento más completo de los mismos. El misterio de la Iglesia es presentado en la Sagrada Escritura sirviéndose de diversas figuras o imágenes que destacan distintos aspectos del mismo; si las tenemos todas en cuenta, alcanzaremos una idea más exacta de lo que es la Iglesia.

La Constitución Dogmática Lumen Gentium del Vaticano II ha puesto en el centro de la atención la expresión Pueblo de Dios, destacando un aspecto decisivo del misterio de la Iglesia como realidad que posee una evidente dimensión histórica: es un pueblo que camina en este mundo y su historia corre paralela y, a la vez, se trenza y entreteje con la historia de los hombres. Dios ha querido salvarnos formando un pueblo, en el que cada miembro goza de la dignidad y de la libertad de los hijos de Dios, tiene como ley suprema la de la caridad, y camina unido persiguiendo un mismo fin: “dilatar más y más el reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra” (LG, 9).

Como enseña el Concilio, Cristo ha hecho de este Pueblo un Pueblo real y sacerdotal, en el que todos, ungidos por el Espíritu Santo, gozan de un sacerdocio común, gracias al cual pueden ofrecer sus obras como sacrificios espirituales y anunciar a Cristo a todos los hombres, dando testimonio de Él por todas partes (cfr. LG, 10). A la vez, en este Pueblo algunos hombres han recibido el sacerdocio ministerial que se diferencia esencialmente del sacerdocio común. Uno y otro son participación en el único sacerdocio de Cristo, y “manifiestan la unidad del Pueblo de Dios de un modo concreto” (LG, 11).

El Papa Francisco se hace eco, con particular vigor e insistencia, de esta verdad: la Iglesia como Pueblo de Dios que camina unido en la historia, y ha querido que el próximo Sínodo de los Obispos centre su atención precisamente en la dimensión sinodal de la Iglesia. Lo considera un tema decisivo para la vida y misión de esta, y no duda en afirmar que: “El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. La importancia que el Papa le atribuye invita a volver sobre él una y otra vez, con el fin de descifrar su significado concreto en el caminar diario de nuestra diócesis, y para tratar de imbuirlo de ese espíritu de sinodalidad que necesariamente deberá tomar formas concretas que hemos de descubrir entre todos.

En la homilía de la Misa celebrada en Roma el pasado domingo, día 10, con la que se daban los primeros pasos del así llamado “camino sinodal”. El Papa lo hacía formulando una doble pregunta: “Nosotros, comunidad cristiana, ¿encarnamos el estilo de Dios, que camina en la historia y comparte las vicisitudes de la humanidad? ¿Estamos dispuestos a la aventura del camino o, temerosos ante lo incierto, preferimos refugiarnos en las excusas del ˂no hace falta˃ o del ˂siempre se ha hechos así˃?”.

Junto a esas preguntas, el Papa nos proponía considerar tres actitudes de Jesús en el evangelio de ese domingo, resumidas en tres verbos “encontrar, escuchar, discernir”, que iluminan el significado del caminar sinodal. Caminar juntos implica, decía Francisco, “atención, tiempo, disponibilidad para encontrarse con el otro y dejarse interpelar por su inquietud”. Encontrarnos con Dios en la oración y encontrarnos con los demás dejándonos alcanzar por sus preguntas.

Caminar sinodalmente requiere saber escuchar, escuchar sin prisas, de manera que el otro se sienta acogido y libre para contar su propia experiencia y, a la vez, ponernos a la escucha del Espíritu “que siempre sopla de manera sorprendente”.

El encuentro y la escucha, decía el Papa, deben llevarnos “a vaciarnos, a liberarnos de lo que es mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a interrogarnos sobre lo que Dios nos quiere decir en este tiempo y en qué dirección quiere orientarnos”.

Invito a todos a reflexionar sobre lo que el Papa nos dice.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca


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