23
FEB
2019

Comentario al Evangelio del VII Domingo del Tiempo Ordinario



Del Evangelio según san Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos. «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué merito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué merito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros».

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El mensaje de Jesús en el Evangelio de hoy podríamos decir que es “revolucionario”; no al estilo de lo que los hombres entienden por revolución, como cambio de estructuras sociales, políticas o culturales. Jesús viene a hacer la revolución del corazón. Porque, ¿de qué sirve que deseemos cambiar el mundo, si no cambiamos los hombres que somos sus artífices?

Jesús viene a hacer “la revolución del amor”, porque traspasa todas las fronteras de la lógica humana. Si lo normal es amar a quien te ama, Jesús va más allá y nos propone amar a todos los hombres como hermanos, aunque sean nuestros enemigos o no nos caigan bien.

Si amamos sólo a nuestros amigos o a los que nos han hecho algún favor, nuestro amor queda mutilado, porque puede ser que en nuestra acción se mezcle algo de egoísmo, al esperar ser recompensados por nuestra acción. Si obramos así no tenemos ningún mérito. Podríamos decir que somos del montón de los humanos, cuya motivación es sacar provecho de sus relaciones con los otros o tomarse la revancha contra quienes les han ofendido o les han negado su colaboración.

Lo difícil es amar a quien te odia o te ha ofendido, a quien te ha engañado o se ha aprovechado de tu buena voluntad, a quien te ha devuelto mal por bien, a quien se acerca a ti sólo por interés y te vuelve la espalda cuando ya ha conseguido la ayuda que necesitaba.

Este es el cambio revolucionario que nos trae Jesús, difícil de entender si no es mirándonos en el espejo del Padre Dios, que no hace acepción de personas y nos trata a todos con amor, haciendo salir el sol y mandando la lluvia sobre buenos y malos, porque a Él solo le mueve la misericordia y la compasión.

Por si acaso nos cuesta comprender esta lección, Jesús nos dice: “La medida que uséis con los otros, también será usada con vosotros”. Más aún, Dios, que no se deja ganar en generosidad, nos retribuirá con creces lo que hayamos hecho con los otros.

¿Quieres seguir a Cristo de verdad? Revoluciona tu corazón: “Ama a tus enemigos; haz el bien sin esperar nada a cambio; sé compasivo como Dios es contigo; no juzgues y no serás juzgado; no condenes y no serás condenado; perdona y serás perdonado; da y recibirás más de lo que has dado.

D.Casto Ortega

Vicario Parroquial de San Esteban

 


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