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DIC
2019

Comentario al Evangelio del III Domingo de Adviento



Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!». Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.” Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».

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Este tercer domingo de Adviento es llamado “De la alegría”, porque en el ecuador de este tiempo de austeridad, conversión y penitencia, necesitamos un respiro para seguir el camino hacia el encuentro de Jesús, como lo expresa San Pablo al inicio de la Misa. “Estad siempre alegres, el Señor está cerca”.

Juan Bautista, desde la cárcel, aunque él no duda, para disipar las dudas de sus discípulos, los envía directamente a Jesús, para que todos acepten que Jesús es el “Enviado de Dios para salvar a todos los hombres”; les dice que le pregunten: “¿Eres Tú, el que ha de venir, o debemos esperar a otro?”.

Jesús les responde, no con palabras, sino con las obras, que eran el carnet de identidad del Mesías según los profetas: “Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva de la salvación, ¡y dichoso quien no se escandalice de Mí!”

Cuando los discípulos de Juan van a la cárcel a contarle a su Maestro la respuesta de Jesús, Él aprovecha para hacer la mayor alabanza de Juan, como seguidor suyo: “Su fidelidad, hasta morir por Él en la cárcel; su austeridad y pobreza, frente a los reyes que viven en palacios; la voz más autorizada, de entre todas las que prepararon durante siglos la llegada del Mesías; su humildad, a pesar de ser el hombre más grande de los nacidos de mujer”.

Y si “Obras son amores y no buenas razones”, así responde Jesús a los enviados de Juan Bautista y lo pone como modelo de fidelidad a Dios. El mundo hoy también vive entre dudas e indiferencia al no encontrar quién le saque de su situación de desánimo y frustración; los mismos cristianos podemos contagiarnos de este malestar y no confiar plenamente en Dios. ¿A quién esperamos que nos salve? ¿A los “falsos mesías” que ofrecen una vida de confort y consumismo, sin ver a los ciegos, cojos o leprosos de hoy? ¿A Jesús, que viene a liberarnos del egotismo y la indiferencia ante el que sufre?

Los cristianos tenemos la misión irrevocable de anunciar al mundo, que esperamos a Jesús, como el único Salvador.

El mundo está cansado de personas que lo engañan con promesas que no cumplen. De los cristianos espera que testimoniemos la fe con las obras para ser creíbles. Juan Bautista es el modelo: por anunciar a Jesús, sufrió el martirio.

Caminamos hacia la Navidad; cada día es un paso para acercarnos a Jesús con una vida nueva, felices de vivir la “Alegría de su Evangelio” y mostrando a nuestros hermanos tristes y desconcertados que “Jesús, a quien esperamos, es el único que puede salvarles de su dolor, su tristeza y desesperación”.

 

D. Casto Ortega

Vicario de San Esteban

 


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