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DIC
2018

Comentario al Evangelio del III Domingo de Adviento



Del Evangelio según S. Lucas 3, 10-18

En aquel tiempo la gente preguntaba a Juan: "¿Entonces qué hacemos?"   El contestó: "El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo."  Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: "¿Maestro, qué hacemos nosotros?" El les contestó: "No exijáis mas de lo establecido." Unos militares le preguntaron: "¿Qué hacemos nosotros?"    El les contestó: "No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga." El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dejo a todos: "Yo os bautizo con agua; pero viene uno que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga." Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

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A este domingo se le llama el de “la alegría”. Pero, ¿por qué debemos estar alegres? Porque ya se acerca el Mesías, que disipará la tristeza y la amargura del pecado. Por eso Juan Bautista llama a todos sus oyentes a “la conversión”. La gente se toma muy en serio las palabras de Juan y, ante el testimonio de su vida, quieren que su conversión no se quede en puras palabras, sino que comprometa a sus vidas. Por eso le preguntan: “¿Qué debemos hacer?”.

Son sinceros, y también lo es la respuesta de Juan, que se podría resumir: “El camino para la conversión y, por lo tanto, para aceptar al Mesías pasa por el amor al prójimo según el estado de vida de cada persona”.  Juan les deja bien claro que no hay verdadero amor, si no se rompe con el egoísmo, y se comparten con los demás los bienes que tenemos. Ante las palabras y obras de Juan la gente se pregunta si no sería Juan el Mesías. Juan ataja estas suposiciones y reconoce que él sólo anuncia la llegada del Mesías, al que “no es digno de desatarle la correa de sus sandalias”.

El Mesías iniciará una nueva vida, “bautizando con el Espíritu Santo y fuego” y clarificará la vida de los hombres, dando a cada uno la recompensa merecida: “limpiará el trigo y separará la paja. Guardará el trigo en  su granero y quemará la paja en un fuego que nunca se apagará”.  

La llegada de Jesús es un reto a las conciencias, examinándonos cómo nos preparamos para recibirlo. Podríamos preguntarnos como hicieron a Juan: “¿Qué debemos hacer nosotros para recibir a Jesús, el Mesías Salvador?”.

No basta confesarlo de palabra: “No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos”. Es necesario que, lo que creemos, lo vivamos mediante la práctica de la “Caridad”, compartiendo nuestros bienes con los otros; la “Justicia”, tratando a los demás como iguales, sin diferencias; la “Honradez”, no sirviéndonos de nuestros privilegios ante los más débiles.

¿Cómo te preparas a recibir a Jesús en esta Navidad? ¿Sólo sintiéndote alegre de su venida entre fiestas, comidas y música divertida? ¿Abrirás tu corazón a recibirlo mediante un cambio de vida, manifestado en obras de bien, que te acerquen a tus hermanos, que son la presencia viviente  de Jesús? La causa de nuestra alegría nos la indica San Pablo: “estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, alegraos, porque el Señor está cerca”.   

 

D. Casto Ortega

Vicario Parroquial de San Esteban


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