09
MAR
2019

Comentario al Evangelio del I Domingo de Cuaresma



Del santo evangelio según san Lucas 4, 1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le contestó: «Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre"». Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo» Jesús le contestó: «Está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto"». Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti", y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras"» .Jesús le contestó: «Está mandado: "No tentarás al Señor, tu Dios"». Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

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El miércoles pasado, al imponernos la ceniza sobre nuestras cabezas, iniciábamos la Cuaresma, camino hacia la Pascua, que nos llevará a celebrar la plenitud del misterio salvador de Cristo, con su Pasión, Muerte y  Resurrección.

Jesús, antes de iniciar su vida pública, se fue al desierto durante cuarenta días, en el silencio, la austeridad y la oración. Allí plantó cara a Satanás, que sólo buscaba desviar a Jesús de su misión. Jesús destapa la mentira del demonio, que mira a Jesús como hombre y no como Dios. Con las tentaciones ataca a Jesús invitándolo a pecar para que no realizara el Plan de Salvación de Dios, para lo que Jesús vino a la tierra.

Es tal la desfachatez del diablo que pone en duda la divinidad de Jesús, por eso al iniciar cada tentación, le provoca diciendo: “Si eres Hijo de Dios…”  El desierto en un lugar de carencias. Después de unos días ayunando, es lógico Jesús pase hambre. Ahí le ataca el diablo: “Si eres Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan”. Jesús no cae en la trampa y le responde: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. También somos tentados nosotros al poner el interés en los bienes materiales, prefiriendo tener el estómago satisfecho y los bolsillos llenos, sin confiar en la providencia de Dios, en una vida austera y de renuncias.

El ansia de poder sirviéndonos de los otros con nuestra autoridad y privilegios, es muy común. Por ahí le ataca el demonio: “Te daré todo el poder y la  gloria de todos los reinos del mundo, si te arrodillas delante de mí y me adoras”. Jesús le respondió: “Está escrito: al Señor, tu  Dios adorarás y a Él sólo darás culto”. A nosotros nos ataca para que usemos el poder, la autoridad o nuestras cualidades en provecho propio y no al servicio de los otros.

A veces nos mueve el orgullo, buscando la alabanza, creyéndonos superiores a los otros. Ahí también le ataca el demonio a Jesús: “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque los ángeles te llevaran en sus manos para que no tropiece tu pie en ninguna piedra”. Jesús le respondió: “Está escrito: No tentarás al Señor tu Dios”. La soberbia nos hace creernos como dioses, despreciando y no valorando a las demás personas iguales a nosotros. 

Satanás no está de vacaciones. Para San Pedro: “Anda como león rugiente buscando a quien devorar”. Nos tienta  por el lado más débil, para desviarnos de Dios. La mentira, la calumnia, el orgullo, el triunfo a cualquier precio, la vida fácil, el ansia de riquezas, la comodidad, el sobresalir ante los otros y el ser servido por los demás, son las tentaciones que nos tiende el demonio. El mismo San Pedro nos dice: “Al cual resistiréis firmes en la fe”.  

D. Casto Ortega

Vicario Parroquial de San Esteban


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