13
OCT
2018

Comentario al Evangelio del domingo XXVIII del Tiempo Ordinario



En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre. Él replicó: Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño. Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo–, y luego sígueme. A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios! Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios. Ellos se espantaron y comentaban: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo (Mc. 10, 17-27)

----------------------------------------------------------

El Evangelio nos presenta la meta de nuestra felicidad en el seguimiento de Jesús. No es algo inalcanzable, porque Jesús mismo nos muestra el camino. Un joven inquieto y bienintencionado corre a donde está Jesús y le pregunta: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Una pregunta y preocupación muy actuales, que a veces nos hacemos también nosotros: “¿Qué tengo que hacer para ser buen cristiano?”. Jesús le propone el camino habitual: “Cumplir los Mandamientos”. El joven se frota las manos de alegría y se justifica: “Eso ya lo hago desde niño”, pero quiere avanzar un poco más. También es muy actual su inquietud: ¡Cuántas veces nos justificamos nosotros diciendo: “Yo ni robo ni mato ni hago mal a nadie!”; total que nos creemos ya santos  y buena gente.

Jesús, ante sus buenas intenciones, le oferta la plenitud de la felicidad: “Te falta algo: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme”. El joven era muy rico, dio media vuelta y se fue. Su actitud es parecida a la nuestra, cuando nos falta el compromiso de la fe en la vida, instalados en la comodidad, sin renunciar a tantos ídolos, que ocupan el puesto que debiera ocupar Dios.

Ante la extrañeza de los discípulos, Jesús reafirma su exigencia: “¡Qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero!”. Jesús no condena la posesión de bines, necesarios para vivir. Condena la avaricia, el afán desmedido de poseer, el uso de medios ilícitos para enriquecernos y el no compartir nuestros bienes con los más necesitados.

También nosotros, sustituyendo a Dios por el dinero u otros ídolos, que nos esclavizan, como los discípulos, nos preguntamos: “Entonces, ¿quién se puede salvar?”. Y quizá, como ellos, queramos hacer valer nuestra condición de creyentes ante Jesús: Ellos le dijeron: “¿Qué nos espera a nosotros que lo hemos dejado todo?”; nosotros quizá le digamos: “Doy limosna, colaboro con la Iglesia, con Cáritas u otras instituciones, ¿qué más puedo hacer?”

No regateemos al compartir nuestros bienes y vidas con los otros. Jesús nos muestra a qué riqueza, no sometida a los ladrones, la bolsa, Hacienda o la corrupción, debemos aspirar: “Os aseguro, que quien deje todo por mí y el Evangelio, recibirá ahora cien veces más, y en la edad futura vida eterna”. No le pongas condiciones a Jesús. Pregúntate: “¿De qué tengo que despojarme para estar bien con Dios?”. Dios nunca te cierra la puerta, si te acercas a Él con sinceridad y reconociendo que la riqueza de tu vida está en Él.

 

D. Casto Ortega

Vicario Parroquial de San Esteban

 

 


Escribir un comentario

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas.

Aviso Legal - RGPD

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared