24
NOV
2018

Comentario al Evangelio de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo



Al final del Año Litúrgico celebramos la Fiesta de Cristo Rey y Señor de todo el universo. Un Reinado que choca con el tipo de gobernantes de este mundo, que, a veces, se apoyan en el dinero, el poder, el prestigio y la autoridad.

El Reinado de Jesús no se edifica sobre estos fundamentos; la nueva sociedad, que Él inaugura, comienza por cambiar el corazón de los hombres, donde debe reinar el amor, como escudo y bandera de su Reino universal.

Jesús instaura en la tierra un “Reino de Verdad, de Justicia, de Amor y de Paz”. Al final de los tiempos, ese Reino llegará a su plenitud; pero ahora ya ha comenzado y nos ha dejado a los creyentes la responsabilidad de hacerlo visible cada día, aunque suframos violencia y persecución.

Para no identificar el Reino de Cristo con el de los hombres, Jesús nos dice: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que yo no cayera en manos de los judíos”.

Los poderosos de la tierra fundamentan su triunfo en “el dinero”; Jesús nos invita a seguirlo en la pobreza, compartiendo los bienes recibidos de Dios. Las ansias de “poder” elevan a los jefes en un pedestal apoyados en su autoridad; Jesús dice “no he venido a ser servido, sino a servir a los demás”.

Los sitios relevantes dan “prestigio”, creyéndose superiores a los otros; para Jesús el mayor honor es la humildad: “el que quiera ser primero entre vosotros, sea el último”: todos somos iguales como hijos de Dios. A veces el triunfo en la vida se construye con “la mentira y la corrupción”; pero Jesús nos enseña que “la verdad os hará libres” y nos pide sinceridad en nuestras relaciones, desechando la calumnia y la falsedad. Los reinos de este mundo muchas veces se edifican con las armas de “la violencia y las guerras”. Jesús viene a instaurar la paz y fraternidad entre todos los hombres, porque la única arma que  nos propone es el ama del “amor”.

Los cristianos tenemos bien claro el plan a seguir para ser ciudadanos del Reino de Cristo en la tierra. Porque el mismo Cristo nos ha dicho: “No podéis servir a dos señores… y el que no está conmigo está contra Mí”. Pon manos a la obra y sé constructor del Reino de Cristo edificándolo con “la verdad, la justicia, el amor y la paz”.

 

D. Casto Ortega

Vicario Parroquial de San Esteban


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