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ENE
2019

Comentario al Evangelio de la Fiesta del Bautismo del Señor



Del Evangelio según san Lucas 3, 15-16. 21-22

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego». En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto».

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Culminando la Navidad y la Epifanía celebramos hoy la Fiesta del Bautismo de Jesús. Jesús no tenía necesidad de ser bautizado, porque Él no tenía ningún pecado, pero este gesto nos indica como quiso cumplir aquí también la voluntad de Dios.

Jesús se presenta de improviso en el Jordán, donde bautizaba Juan, para que lo bautizara también a Él. Entonces Juan Bautista disipa las dudas sobre si él era el Mesías y señala a Jesús como el Hijo de Dios. Su actitud la corrobora el Padre desde el cielo: “Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido”.

El Bautismo de Jesús abre las puertas para que pensemos en nuestro Bautismo, con el que entramos a pertenecer a la familia de los hijos de Dios.

Los padres cristianos debieran estar orgullosos de engendrar a sus  hijos a la vida de la fe. Porque el bautismo no es un acto social, ni es sólo un motivo de fiesta familiar; es el momento en el que el bautizado recibe la plenitud de la gracia de Dios, por la que se le perdonan todos los pecados y empieza a ser una creatura nueva, en la que habita la Santísima Trinidad, pues en su nombre el sacerdote derrama sobre su cabeza el agua purificadora.

El Papa Francisco al insistir en la importancia del Bautismo, nos invita a que, al igual que celebramos el día de nuestro nacimiento, también celebremos el día en que fuimos bautizados, informándonos de cuando fue.

El pertenecer a la Iglesia, la familia de Dios, nos exige llevar una vida conforme a las enseñanzas de Jesús; una  vida que irá creciendo con la recepción de los demás sacramentos y que se debe desarrollar con la ayuda de los padres y padrinos, puesto que el día, que bautizaron a su hijo, se comprometieron públicamente a educarlo en la fe y a darle buenos ejemplos para que fuera creciendo en un ambiente propicio para vivir cristianamente.

Hay padres que no bautizan a sus hijos; y otros que demoran el bautismo hasta que ellos sean mayores y puedan elegir. Están privando a ese niño de la gracia especial de Dios; además que no son coherentes: ¿por qué no esperan a que el niño sea mayor para que elija el idioma que quiera hablar? ¿Por qué no lo dejan que él elija si quiere ir a la escuela o no? Los padres no sólo son responsables de la vida humana de sus hijos, sino también de la vida de la fe.

Al celebrar la  Fiesta del Bautismo de Jesús, renovemos las promesas que hicimos en nuestro bautismo de seguir las enseñanzas de Jesús, viviendo nuestra fe cada.

 

D. Casto Ortega

Vicario Parroquial de San Esteban


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